Dabin
considera que son dos los elementos anteriores al Estado: cierto número de
hombres, que viven en un territorio delimitado. El elemento humano. Es la base
del Estado, formando su sustrato encontramos un grupo de hombres, de seres
racionales y libres dotados de vida, que tienen fines específicos. No todas las
corrientes doctrinales están de acuerdo con esta concepción del hombre como ser
racional y libre con fines propios. Pero de la manera como se resuelva el problema
de la naturaleza humana, así será la concepción que se tenga del Estado.
Los
hombres no son iguales en cuanto a individuos, por tener distintas
características; pero, en sentido amplio, afirmamos que su valor respecto del
Estado es el mismo. El ser humano tiene el mismo valor dentro del Estado. La
agrupación estatal vale para todos los hombres, sin distinción.
El
territorio, segundo elemento previo del Estado. Es el espacio en que viven los
hombres al agruparse políticamente para formar el Estado.
Cuando
existe el elemento humano o sea la sociedad que está en la base de las
agrupaciones políticas y el territorio que la alberga, es preciso que existan
en esa agrupación social otras notas o elementos que se llaman determinantes o constitutivos,
porque al presentarse determinan o constituyen la existencia del Estado.
Esas
notas o elementos constitutivos son los siguientes:
a)
Un poder político que asuma el mando supremo e independiente de esa sociedad,
es decir, que sea soberano.
b) Un orden jurídico creado por ese poder
soberano para estructurar la sociedad política y regir su funcionamiento.
c)
Una finalidad o teleología específica del Estado que consiste en la combinación
solidaria de los esfuerzos de gobernantes y gobernados para obtener el bien
público temporal.
El profesor italiano Groppali, a propósito de este
tema, dice que hay discordancia en la doctrina respecto de cuáles son los
elementos del Estado. Dice que un primer grupo de pensadores afirma que los
elementos constitutivos del Estado son tres: el pueblo o elemento humano, el
territorio y la soberanía o poder, siendo ésta la doctrina que pudiéramos
llamar clásica en este respecto.
Otros autores añaden al parecer de Groppali, y
nosotros también lo hacemos, otro nuevo elemento, que es el fin, como elemento
unificador que coordina los esfuerzos de los hombres que se dedican a
obtenerlo.
La persona
humana: la característica
específica del hombre es su personalidad. El ser el hombre una persona es la
raíz. De acuerdo con Santo
Tomás, "persona" significa "aquello que es perfectísimo en toda
la naturaleza" Por ello, para poder comprender lo que es el hombre,
debemos comprender lo que es fundamental en el ser humano, es decir, qué es
persona.
El filósofo norteamericano William James distingue
entre personalidad y personalidades y las' clasifica en la forma siguiente: a)
"Persona material", constituida por el cuerpo, y el yo material, el
organismo biológico, tomado exclusivamente en su aspecto somático. b)
"Persona social", yo social. Este yo social está formado por los
actos del hombre relacionándose con sus semejantes. c) En tercer término, la
"persona espiritual", el yo espiritual, constituido por las
actividades psicológicas, intelectuales y volitivas del ser humano.
El hombre debe desarrollar el otro aspecto de su
personalidad moral: el aspecto social, sin el cual no podrá perfeccionar su
individualidad. . La persona humana no puede bastarse a sí misma en sus
apariencias corporales y espirituales. Necesita y reclama el concurso de la
sociedad para poder suplir las propias deficiencias en la realización.
Hemos afirmado que en la base del Estado se
encuentra el elemento humano. Pero ¿qué cantidad, qué número de personas se
requieren para formar un Estado? Es lógico que haga falta cierno número de
hombres para formar una sociedad política; sin embargo, no es lógico señalar
una cifra, máxima o mínima, para que la formen. En realidad, basta con que la
población sea un núcleo dentro del cual puedan existir las instituciones
básicas de la sociedad política. Así, vemos Estados con población exigua, pero
que formaron importantes comunidades políticas, como la sociedad política
griega.
Existen agrupaciones humanas en las que el
territorio no es de importancia primordial; por ejemplo: la Iglesia, las
organizaciones internacionales, etcétera. Pero tratándose del Estado, el
territorio es un elemento de primer orden, colocado al lado del elemento humano
en cuanto a que su presencia es imprescindible para que surja y se conserve el
Estado. Los hombres llamados a componer el Estado, deben estar permanentemente
establecidos en su suelo, suelo que se llama patria; que deriva de dos vocablos
latinos: terra patrum (tierra de los padres). La formación estatal misma supone
un territorio. Sin la existencia del territorio no podría haber Estado. Desde
este momento hacemos la aclaración de que no por afirmar lo anterior queremos
decir que el territorio forma parte de la esencia del Estado. Simplemente
afirmamos que es un elemento necesario para su vida. Este hecho se expresa por
Jellinek diciendo que el Estado es una corporación territorial.
El Estado, como ente cultural, tiene por objeto la
obtención de un fin. Ya sabemos que todo producto de la cultura humana se
caracteriza por llevar dentro de sí una finalidad, aquello para lo cual es creado
por el hombre. Siendo el Estado una institución humana, tiene naturalmente un
fin. No puede dejar de tenerlo. Los hombres que componen el Estado, los gobernantes
y los gobernados al agruparse formando la sociedad estatal, persiguen un fin.
El Estado encierra en su actividad una intención que es la determinante y el
motor de toda su estructura.
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