El Estado que surge en los albores del mundo
moderno, después del siglo XVIII, estuvo acompañado por un extraordinario
desarrollo de la economía y de la productividad del trabajo. Con toda razón, a
esto se llama Revolución Industrial. Fueron expresiones de un mismo período el
aparecimiento de un poder territorializado, un Estado extenso y poderoso, con
una burocracia administrándolo, junto al surgimiento de una economía mercantil
capaz de alimentar la demanda del también notable crecimiento demográfico. El
desarrollo del capitalismo puede ser explicado, en parte, como resultado de los
cambios en la agricultura y el empleo de tierras húmedas que aumentaron el
rendimiento económico. También puede explicarse, en parte, por la aplicación de
los conocimientos científicos desde y en el medio urbano. La máquina de vapor,
por ejemplo, que revolucionó los recursos de la fuerza física, produjo enormes
excedentes de bienes alimenticios y mercancías industriales (textiles, primero)
y multiplicó la velocidad y el volumen del transporte por tierra
(ferrocarriles) y por mar (buques de vapor). Sin la concentración unificada del
poder no se habría posibilitado el mercado interior y éste no habría sido el
sustento de la nación. El funcionamiento del Estado nacional, como proceso,
necesita ser completado con la existencia de una comunidad de relaciones de
producción y distribución económicas, basadas en el reconocimiento de la
propiedad privada.
La nación precede al Estado cuando existen grupos
humanos que poseen rasgos comunes como el idioma, la religión, la etnia y una
tradición compartida. Cuando los grupos se organizan políticamente, surge el
Estado, para darle sustento, continuidad y territorio a esa comunidad informal.
Pero, por lo general, es el Estado el que crea la nación porque dispone de
recursos políticos para unificar, en un territorio bien definido, a un conjunto
humano, aún no homogéneo, al que básicamente dota de un idioma común y un
futuro compartido. Es esta una simplificación
modélica de procesos históricos extraordinariamente complejos,
múltiples.
La formación
del Estado nacional constituye un proceso largo, en el que se busca reforzar
los rasgos homogéneos, como las identidades lingüística, religiosa, étnica y
otras, lo que no siempre se logra. Lo decisivo ha sido la unificación y
concentración del poder estatal en manos de una élite homogénea, con fronteras
territoriales definidas.
En el surgimiento de muchos Estados —no
necesariamente en el Estado moderno— fueron importantes las guerras o violentos
conflictos que movilizaban fuerzas militares locales frente a vecinos diversos.
Las guerras constituyeron vigorosos impulsos de expansión territorial para
imponer la legalidad propia y explotar la mano de obra y, o las riquezas
fronterizas. En cuanto a ello, conviene indicar que el Estado se define por los
rasgos básicos internos forjados, en parte, por el enfrentamiento con otros
Estados. En la vida económica y social de la sociedad moderna fue apareciendo
con gran fuerza la figura del habitante de las ciudades que, como consecuencia
de múltiples situaciones, era productor, consumidor, propietario, asalariado,
burócrata, profesional, delincuente, intelectual y otras muy variadas formas de
existencia. Los grupos dominantes reconocieron su propio crecimiento en
cantidad y recursos y, por su número, se convirtieron en una fuerza política.
Un elemento clave para la construcción de la
soberanía del Estado moderno fue, en muchos países, su separación de la Iglesia
y de las organizaciones religiosas. En su búsqueda de mayor concentración de
poder, el Estado enfrentó a la Iglesia que no sólo tenía un inmenso poder
espiritual, sino también político y económico. Las ideas seculares de la
Ilustración desplazaron las interpretaciones geocéntricas del mundo propias del
cristianismo. En el proceso de constitución estatal, este dilema se manifestó
de diversa manera según las corrientes religiosas (católica y protestante). Los
Estados católicos tuvieron que pelear con una institución supranacional, el
poder del Vaticano, que tenía fuertes atributos de soberanía.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario